lunes, febrero 10

segundos afuera

Estoy peleando contra un calamar gigante
en los mares de la avenida corrientes
Pesqué calamar
Luché calamar
Perdí honra
Sobreviví calamar.
Hice en la palestra
derroche de técnica.
Calamar ganó
porque usó el corazón.
Llenó de tinta calamar,
como el blanco del ojo calamar
                                             hojas en blanco
mirando mudo, desorbitado
fuera de su mar, calamar
teñido en lilas de ocasos
sin el yodo de su lugar.
Mirada perdida, calamar
                       y la alegría, siempre a la orden del día calamar
de terminar tu jornada
Contento
Consagrado
dispuesto darte un chapuzón de los bravos
Cuando a tu turno llegue la hora
De cumplir con tu misión
De compartir con los muchachos
el momento crucial de tu vida
                                      de bañarte en la freidora


martes, enero 21

jueves, enero 2

espejos

El fuego de la soledad
hoy quema tu memoria
mi espíritu de libertad
refleja horas de gloria.


Sensaciones de un día trasnochado
oraciones que lucen desgastadas.
Mañanas que vas a encarar
abriendo tu ventana,
silencios que van a llegar
para encender la llama,
las palabras se pierden en el tiempo
y los sueños parecen ya despiertos.


Vivencias que siempre estarán
perdiendo la distancia,
tal vez hoy vayas a buscar
una nueva esperanza,
por las noches se cruzan pensamientos
y la luna descansa en tu espalda.



El sol y la lluvia viajando en primera
rompiendo la imagen de la eternidad,
presencias y ausencias que aún nos rodean
demuestran que el viento no puede parar.
Errores y aciertos buscando ser socios
para que algún día puedas ser feliz,
y al final de los sueños
siempre habrá una ilusión,
y la luz que se asoma
brillará como el sol.
La noche y el día disputan la vida
juntando secretos para confesar
preguntas y respuestas de un mundo alocado
parecen rendirse ante la realidad,
con claros y oscuros la suerte está echada
el frío de julio, en octubre el calor,
y hoy estoy caminando
entre la multitud,
mientras tanto este día
va llegando a su fin.

por Jorge Garbin



miércoles, diciembre 11

Quien camina y va silbando
encuentra entre oscuras sendas
las rimas de aquellos ojos
que acercan tiernos
aguas de manantial

no importa qué cante
importa que va andando
no importa qué cante
le gusta y va

pasa por detrás, pasa derecho
vai silbando y al aire una queja lanza
de vendaval en muelles ajenos
que dibujan frescos a lo largo su andar

robando flores de papel
hago de colores su historia
mientras silbando imagino
el cuerpo de ella que a flor huele
a flor descalza que a su camino encanta

no importa qué cante
canta y va.

Y así la encuentran,
cantando en la selva de pardas sendas,
notas desprendiendo la luz
en el amor de sus piernas
mientras ella va

cantando a la oscuridad de sus temores
la resolana cómplice descansa
armoniza junto al río en lontananza
bellas coplas juglarescas y una tonada de amor

canta y se hace baguala en el monte
atontada hechiza paisanos
vestida de albas sinceras
canta y va
silbando.



domingo, diciembre 8

un tornado

viento acá
volteó árboles,
árboles
voltearon autos
autos,
volcaron cosas
cosas,
asustaron gente
y gente,
que asusta gente,
hace que más, gente
se asuste

y chicos ríen
apoyando manos
en ventanal goteado,
salpicado de lejos

y ríen
mientras gente
se asusta,
de gente
que asusta gente,
gente en susto
al ver 
cosas volteadas 
por autos,
autos
volteados por árboles,
árboles
que se llevó viento,

árboles de viento

-como dice?
pregunto señor, 
si hay por qué 
de tanto espamento


de árbol a viento
no me deja oírlo,

(de árbol y viento)



jueves, noviembre 21

Segundita nomá!

Presentamos Canciones frescas - segunda edición -
les trovamos nuestras canciones sencillas
en esta primavera errante;
copa en mano
y a brindar

Miércoles 4
de diciembre 20 hs.

En el Museo de la Caricatura Severo Vaccaro
Lima 1037

Salú!


«Hay historias de exiliados y exiliados de historias.
La de la torcaza supongo será una de las que ocupen el segundo caso.»





sábado, noviembre 16

piel

tengo un mate
tatuado,
en la cara interna
de mi brazo

cargado,

con el sudor
de los días

con el arder
del tiempo

con el decir
del viento

anda tirando bien
¡pero vaya..!
que hay que darle
coraje

uno sabe
uno sabe siempre
siempre,
que es un poco
siempre un poco así

sucede que:
un sano
debería pretender
siempre caminar
y que salga...
y que salga...
hasta que salga

es porque cambian
las miradas,
que nos perdemos

y si a veces
no se
como mirarte
cantame
que te encuentro

y te canto
un cuento

te abrazo
en un momento
de encuentro

con el refilón
del cielo

profundo,

zigzagueante
de luces

tomate un mate
de la cara interna
de mi brazo
cargado

con el sudor
de mis días
con el arder
del tiempo
con el decir
del viento

y cantame
que te encuentro

y te canto
un cuento


miércoles, octubre 30

A los caminantes

Solamente un relato previsto a través de las treinta cuadras que limitan la ciudad de lo incalculable. Habráse visto a las calles alinearse por aquí o por allí, derechas como regios caminos rectos de paisajes tan cambiantes, dispuestas a provocar el siempre tan mentado encontronazo, a chocarse de frente con otro, carpetas aterrizando desordenadas en el suelo, y las mismas baldosas que ya ni miran porque se conocen las bufas de memoria cuando tropiezan los más prolijos de los que pasan por ahí. Tras el repique de unos tacos apurados suena el redoble de un tipo en traje y moño tocando un tacho mientras el tránsito no descansa y compite pulso a pulso con el músico. Ni se acopla, ni lo combate, sólo se abstrae y viaja con los flojos aplausos de los caminantes de esa tarde, cansados de esperar el semáforo, a quienes está dedicada su canción. Sin rumbo fijo ni horario, ni nada más que mi silbido desprolijo y timidón que enloquece caras raras a contramano me aparto de la escena, me escabullo entre los carteles y los árboles testigos de todo lo que pasa sólo para contarles lo que veo. Avanzo. Avanza. Avanzaron. Todos siguieron de largo. Tan así que casi subo colgado de un pasamano usado esperando el frenazo siempre a la orden del día. Absorto como economista en pleno jolgorio me bajé de ese bondi repleto, por suerte, antes de haberme subido y acá le meto pata hasta llegar.
Buenas tardes a todos los presentes reunidos aquí frente a nuestra sonrisa que espera vuestra atención,  desde la otra vereda, cruzando los cinco carriles juntos, escucho esto que se imagina el más viejo de los cuatro instrumentistas que tocan una primavera porteña, llenos de tarde y sol.
Cada uno está, cada uno es, se pronuncian en la armonía y se hacen melodía del resto de sus compinches. De pronto uno que iba caminando se intenta acomodar en el aire y se deja llevar, disfruta acompañado de un perro con ojos de nene grande; al lado un grande con ojos de perro triste. Quienes hayan osado alguna vez a desandar el itinerario cotidiano de alguien así sabrá que en lo compungido del suspiro que éste arroja, devuelve un agradecimiento fatal recordando lo que alguna vez soñó.
¿Saben? Sonaba lindo en parejos y amistosos tresillos despojados de cualquier temor, aunque los tuviera, no lo dudo. Pero esa forma de compartirse dejaba en claro que su nombre no era otro que el que estaba interpretando.
¡Cómo miro! Escucho lo que cuento: un saxo, dos saxos, unas cuerdas, percusión y ritmo. Un recorrido incierto, incalculado concierto que les hago escuchar mientras lo capturo en el relato, música en prosa acompaña mientras tocan. Pasó a las chapas un micro humeando, una sirena ruidosa y un tipo de maletín con cara de asco y soledad; ellos siguen.
Así como lo de recién, tampoco se enteran del escritor que vive en el segundo piso y que está escuchando todo con los dedos acalambrados, recién vuelto a la vida ante la irrupción repentina de estos cuatro.

El escritor se inventó una compañera y copas de vino mientras se narra a sí mismo en un vodevil. Los hombres despiertan del sueño y de a poco vuelven a su hogar para estarse seguros que esto sólo fue un detalle más en sus días. Los colectivos, las sirenas y los navegantes nunca se enteraron de lo que pasó. Sólo quedamos nosotros en el lugar, desarmando los bártulos, y el perro fue el único que amagó a aplaudir.

sábado, octubre 19

¡Qué arrebato!

Sábados cargando de huellas el cuerpo, con soles girando alrededor, con alegría y desencuentro convocan a decir algo más acerca de la eléctrica y magnética sensación a calendario. Sábado que sabadea la esperanza del tropezón no esperado al dar la vuelta, al cruzar la calle esperando el verde del semáforo —verde de su otro lado rojo, por donde lo cortes, por donde lo atrapes; desgarrando verdes brotan rojos ensangrentados que olvidan ser rojos siendo verdes—. Será porque sí que en el trecho entre paso y paso el agujero se abre inmenso caminando, ido, alucinando un camino que se abre entre el camino.
A medida que el sol se hace domingo creyéndose frío otoñal de principio de siglo, llora al renacer su entusiasmo de caminante sesudo, marcarán el paso nuevo que lo ve crecer. Será porque no que en la brecha de su cantar ilumina enmudecido lo que va a venir. A buscarlo por la puerta de atrás. Abre cierra, portazo al viento, se crispa su querer. Se hará barro entre los ladrillos comidos por el mismo ventarrón que susurró antes la anécdota de un pasado de hiedras ladrilleras laburantes del camino imaginado por dos o tres elefantes de testa ruda, de ahínco sin igual. Ahí en compañía de alazanes zainos con magia de cuentos del campo, ¡cabalguen! cabalguen hasta el alba del nuevo amor.
siempre rojo
siempre verde
verde
..